Jaime Barrientos González

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7 may. 2010

“EL PEDERASTA SABE LO QUE HACE Y TIENE VOLUNTAD DE HACERLO”



Entrevista en Interviú a Francisco Orengo, psiquiatra




Interviú: ¿Qué efectos produce en un/a menor la prostitución?
F. Orengo: Los destrozos son masivos. Hay una “cosificación” del cuerpo. No vivencian la sexualidad dentro de parámetros de amor y afecto sino que la desvirtúan en una perversión colosal. Estos niños suelen presentar trastornos disociativos y de estrés postraumático complejo graves que dan lugar a conductas altamente manipulativas basadas en la desconfianza. Subyacen graves problemas de identidad. Con frecuencia no saben ni quienes son ni cuál es su objetivo en la vida. Muchas veces se preguntan para qué han venido a este mundo... Una consecuencia añadida es que favorece el amor por el propio sexo y un odio hacia el sexo que les abusó. Esto fomenta una gran ambivalencia amor/odio cuando ambos coinciden
¿Un/a niño/a abusado se convertirá en abusador?
No necesariamente lo que si es posible es que las conductas homosexuales y homoeróticas aumenten. He tratado a algunas prostitutas con tendencias reactivas sobreañadidas lesbianas. En el caso de los niños hay una “identificación con el agresor” y cuando sean adultos habrá muchas probabilidades de que busquen la parte brutal y no afectiva en sus relaciones. Habrá también cierta tendencia a las relaciones de tipo sádico o masoquista.
I: ¿Qué causas influyen en la prostitución infantil?
F. O.: Desatención, maltrato de género, abuso y trauma previos. Ambientes “deprivados” de afecto y violentos, padres o familiares proxenetas y/o madres prostitutas.
I: Perfil del/la pederasta: ¿es un enfermo mental o un delincuente?
F. O. :Es una conducta penada por la Ley pero, además, caso a caso, suelen presentar también trastornos de la identidad sexual, en general, de base infantil. Padecen en esos casos problemas psicopatológicos clarísimos. Son personalidades que no han podido desarrollarse normalmente. Sufen fuertes inhibiciones emocionales. Eso sí, en la mayoría de los casos imputables porque saben lo que hacen y tienen la voluntad de hacerlo.
I:¿Que opinión le merece la Ley que permite que los/as menores mayores de trece años mantener relaciones sexuales con adultos?
F. O.: Estoy totalmente en desacuerdo con ella. Se trata de un claro fomento indirecto de la pederastia. Yo lo subiría, por lo menos, a los 16 y que las relaciones con otras personas  a esa edad de 16 no excediera de los cinco años de diferencia. Con la mayoría de edad ya es otra cosa. Se debe estar en contra de permitir abusos que tengan como base a una cultura, etnia o raza. Con esta supuesta protección a la idiosincrasia de las minorías se encubren comportamientos abusadores sobre la mujer o los niños y adolescentes inadmisibles.
I: A esa edad, un/a menor ¿ puede saber lo que hace?
F. O.: No. No puede saberlo. No está en su edad. Mantener relaciones sexuales incluye potencialidad de prorceación y embarazo así como vivencias y afectos en los que intervienen cosas tales como la ternura, el amor, el cuidado y la responsabilidad ante lo que pueda venir.
J.B.

ABUSO SEXUAL INFANTIL
El 23 por 100 de las niñas y el 17 por 100 de los niños sufre abusos sexuales en España aunque sólo el 10 por 100 de los casos llega a los tribunales, según el libro “Abuso sexual infantil: manual de formación para profesionales” elaborado por la ONG Save The Children. El informe especifica que por abuso sexual se entienden los contactos e interacciones entre un/a niño/a y un adulto cuando el agresor usa al/la menor para estimularse sexualmente a sí mismo, al niño o a otra persona. Este manual, redactado por un grupo de expertos, pretende proporcionar recursos y conocimientos suficientes para prevenir, detectar y actúar ante un caso de abuso infantil.
El estudio señala que tres de cada cuatro casos se dan en el entorno más cercano al niño, ya sea por parte de un miembro de la familia, por un vecino, un amigo de los padres o, incluso, por sus profesores. En el 90 por 100 de los casos el que comete estos actos es un hombre.
Tanto en niños como en niñas, la edad en la que se registra una mayor incidencia de acosos es entre los seis y los 12 años. Las niñas sufren abusos más severos y con mayor violencia e, incluso, la edad de inicio del abuso es más temprana.Los autores destacan también que los/as menores con alguna discapacidad física o psíquica tienen tres veces más probabilidades de sufrir un abuso sexual.
En el documento se señala que las leyes vigentes relegan a un segundo plano a la víctima de la agresión sexual y sólo se preocupan por imponer la correspondiente pena al /la autor/a del delito. Los efectos por haber sufrido abusos sexuales se ven agravados por el hecho de tener que revivirlos en las declaraciones ante la Policía y el juez.
J. B.

PERFIL DEL MENOR
Hasta finales de los años 90 la mayor proporción de menores y adolescentes “chaperos” se daba entre la comunidad portuguesa aunque luego fueron desplazados por un grupo de vascos enganchados a la heroína. Actualmente son casi exclusivamente los norteafricanos inhaladores de pegamento y disolvente quienes deambulan por la Puerta del Sol de Madrid aunque poco a poco va notándose la presencia en esta plaza de gitanos de origen rumano y búlgaro y es fácil verles también en la confluencia de las calles Almirante y Recoletos. Algo similar puede decirse de Barcelona en donde la compra de “carne joven” se realiza sobre todo en las plazas de Espanya y de George Orwell y en menor medida en la zona de las Ramblas cercana al barrio Chino y en la plaza de Cataluña.
Las edades oscilan entre los doce y catorce años en el caso de los más pequeños aunque es más habitual que ronden los 16 ó 17 años.
El nombre de “chaperos” viene de las pequeñas chapas que utilizaban antaño las prostitutas en las casas de citas y que eran cambiadas luego por dinero por el dueño del local o la “madame”.
El dinero que reciben suele rondar entre los treinta y los cincuenta euros si hacen el servicio dentro del vehículo del pederasta aunque la cifra puede aumentar si acuden a un domicilio particular o a una pensión, en cuyo caso se eleva a los cien, 200 euros o incluso más si se alarga durante toda o parte de la noche.
J. B. 

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